miércoles, 17 de enero de 2018

¿Qué significa ser “oposición”?

Les comparto columna que me publicaron el 17 de Enero del 1018 en el Clinic con una reflexión sobre qué es lo que significa para el Frente Amplio ser oposición al futuro gobierno de Piñera. Un abrazo!

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Los términos binarios a los que nos hemos acostumbrado en la política chilena desde el retorno a la democracia deberán necesariamente actualizarse. Chile ya no es binominal y ello sin duda es una buena noticia para la representatividad de nuestra desprestigiada política institucional. Esto es producto de la emergencia del Frente Amplio como alternativa política con representación social y parlamentaria, cuya consolidación es una de las tareas a la que los frenteamplistas deberemos dedicar mucho trabajo y generosidad, para proyectar nuestro proyecto en el tiempo resguardando la  diversidad del mismo.

Y el escenario en el que nos tocará vivir nuestra primera etapa de existencia como coalición no será fácil: el segundo gobierno de Sebastián Piñera. En este contexto es relevante preguntarnos sin complejos qué rol queremos jugar en estos próximos 4 años. La respuesta no es obvia, porque pese a que la tentación podría ser afirmar ramplonamente que vamos a ser una “oposición dura al gobierno de derecha”, creo que el asunto es de mayor complejidad. 

Lo primero a identificar es la pulsión que ya se ha manifestado por parte de algunas organizaciones de la actual Nueva Mayoría de armar una gran alianza contra la derecha, que abarque desde la DC hasta el Frente Amplio. Alianzas que solo tienen en común al adversario y se pactan por arriba sin mediar procesos sociales y discusión política profunda están inexorablemente destinadas al fracaso. No nos olvidemos que como Frente Amplio fuimos críticos de parte importante de la agenda nuevomayorista y hasta ahora no han existido conversaciones serias para abordar esas diferencias. Somos proyectos distintos y es importante que cada uno tenga su propio proceso de reflexión. La recomposición de la política de alianzas en Chile es algo que tomará tiempo y mucho debate, pero no se decretará por la prensa ni en la ansiedad por la negociación de uno u otro efímero cargo.

Dicho lo anterior, es evidente que con Piñera y su coalición tenemos profundas diferencias políticas y de concepciones de mundo. Mientras la derecha chilena cree que el mercado (lo menos regulado posible) es el mejor asignador de prioridades y recursos, en el Frente Amplio tenemos la convicción que hay esferas de la vida que deben estar sustraídas del ámbito comercial, y ser aseguradas como derecho a partir del cual no es razonable hacer negocio. La determinación y extensión de estas áreas y el carácter de su provisión es un punto de debate permanente, pero al menos educación, salud, pensiones y vivienda entran en esta categoría.

Pero no basta con señalar nuestras diferencias, tenemos que ofrecer alternativas. Una de las lecciones que hemos aprendido del gobierno de la Nueva Mayoría es que la improvisación a la hora de diseñar e implementar políticas públicas atenta directamente contra sus posibilidades de éxito y apoyo popular. En ese sentido será nuestro deber no sólo decir que no a los intentos de la derecha por profundizar la mercantilización de nuestras vidas, sino paralelo a ello comenzar desde ya a elaborar profesionalmente, más allá de las consignas, nuestras propuestas. 

Por otra parte, la idea de “oposición” en mi opinión es muy reduccionista de la función que una fuerza política que no está en el ejecutivo debe cumplir. No podemos quedarnos en la reacción a las iniciativas del gobierno, tampoco basta con la elaboración de políticas públicas alternativas a las que surjan de la derecha. Tenemos que instalar nuevos temas en el debate, tanto producto de nuestras reflexiones como fuerza política con autonomía como del permanente diálogo que debemos tener con los movimientos sociales y los territorios en los que estamos insertos.

La democratización de las consecuencias de la revolución tecnológica, en particular lo relativo a la destrucción de empleos tradicionales y la concentración del capital, el feminismo y la agenda de género, la situación de la población penal, las nuevas inmigraciones, el desarrollo de nuestras zonas extremas y aisladas, qué y cómo estamos enseñando en nuestros liceos y universidades (y no solo la institucionalidad que rodea el proceso educativo), una política respecto a nuestros pueblos originarios que asuma la pluri-culturalidad de nuestro país, la institucionalidad que requiere el cuidado y estudio de nuestras áreas silvestres protegidas, entre muchos otros temas que en algún momento habrá que priorizar, debieran ser desarrollados e impulsados por el Frente Amplio independiente de la agenda del gobierno.

El concepto de ser opositores también resulta muy estrecho para entender que hay ciertos temas en los cuales las diferentes fuerzas políticas más allá de nuestras legítimas diferencias, tenemos el deber de llegar a acuerdos transversales y duraderos. El ejemplo más claro de esto es la crisis del SENAME: 1313 niños y niñas muertos que no deberían haber muerto y que se encontraban directa o indirectamente bajo la responsabilidad del Estado (ya sea vinculados a programas ambulatorios o internados en hogares de residencia estatales o en organismos colaboradores privados) debieran ser argumento suficiente para dejar los conflictos y agendas particulares de lado y abocarnos de lleno  a construir un consenso sobre la reforma que el SENAME necesita con un profundo sentido de urgencia. 

De seguro existen otros temas en los que se pueden explorar y construir puntos de convergencia para sacarlos adelante y será tarea del todos el tener la voluntad para encontrarlos y trabajarlos.

Finalmente, algo que como Frente Amplio no podemos olvidar es que la política no es solo lo que sucede en los pasillos o comisiones del Congreso, y que construir una fuerza con capacidad de realizar transformaciones estructurales en nuestro país requiere mucho más que una política electoral y parlamentaria. Nuestro despliegue en los territorios, participación en los movimientos sociales (sin jamás instrumentalizarlos ni suplantarlos) y consolidación de nuestras organizaciones más allá de los tiempos institucionales debe ser una tarea prioritaria para todos quienes nos identificamos como frenteamplistas.

El desafío es grande. Se vienen tiempos interesantes. 

martes, 9 de enero de 2018

La necesidad de un debate ideológico.

Ayer en una entrevista dije que el Frente Amplio debía tener un proceso de debate equivalente al que tuvieron las distintas corrientes del socialismo chileno desde comienzos de los '80 en lo que se conoció como "la renovación socialista", y que la izquierda del Siglo XXI tenía que despercudirse del estatismo como pilar de nuestra forma de ver el mundo. Además afirmé que para que un debate de estas características fuera posible era necesario salir de las lógicas sobreideologizadas de espacios como el CONFECh.

Estas declaraciones fueron replicadas por otros medios y dieron pie a una polémica en la que desde algunos sectores se me acusó pretender emular las conclusiones (y consecuencias) de la renovación socialista de los '80. Esto como es clásico de los "debates" de redes sociales, acompañado de todo tipo de adjetivos y suposición de intenciones.

Quienes cumplimos roles públicos tenemos el deber de argumentar nuestras posiciones, presentarlas y desarrollarlas, para que enfrentadas al debate público, estas puedan desplegarse o hundirse, según corresponda a su propio peso. Lo importante es que este debate se dé sin caricaturas, haciéndose cargo de las críticas que sean de buena fe. En ese sentido estas líneas tienen como objetivo defender la necesidad de un debate ideológico al interior del Frente Amplio que sea capaz de cuestionar los dogmas del pasado en cuanto dogmas, abordando los desafíos que presenta el nuevo escenario político nacional y global. En un próximo texto abordaré algunos de los contenidos que creo debiera tener ese debate, y en particular por qué creo necesario “desestatizar” nuestra visión de mundo, sin que ello implique una renuncia ante la pretensión de omnipotencia del mercado.

En primer lugar parto por reconocer que mi referencia al CONFECh fue desafortunada. Lo fue porque la interpretación obvia que se desprende de mis palabras es una "quitada de piso" al movimiento estudiantil, lo que está muy lejos de ser mi intención. El movimiento estudiantil ha sido uno de los pilares de las luchas sociales de los últimos años en Chile, cambiando el eje del debate público, evidenciando las contradicciones y falencias del modelo chileno centrado en la expansión del negocio privado al alero del Estado y en convertir lo que debieran ser derechos en bienes de consumo, y proponiendo alternativas para superarlo. Desarrollar aquí la importancia del movimiento estudiantil sería largo y no es el motivo de este texto, pero quienes nos formamos al calor de sus luchas desde el 2001 hasta hoy, no podemos sino apoyarlo en sus desafíos actuales.

Mi referencia a la sobre ideologización del CONFECh decía relación con que el carácter del debate y la correlación de fuerzas que existe al interior del mundo político universitario ha estado desgraciadamente muy ajeno a la realidad nacional en los últimos años. No existe una derecha seriamente organizada (tampoco lo que se conoce como “centro”), el archipiélago de las diferentes organizaciones de izquierda es incomprensible incluso para los propios estudiantes y la incapacidad endémica de enfrentar la violencia antidemocrática de pequeños grupos con pretensiones de vanguardia que por lo general se esconden en un cómodo anonimato (pero que perjudican a todo el movimiento e incluso a trabajadores/as), desde mi punto de vista ha contribuido a "emburbujar" y aislar al movimiento estudiantil.

Desde otra perspectiva esta crítica también puede ser pertinente para el mismo Congreso de la República. Una institución compuesta mayoritariamente por hombres (más del 80% en este período, y más del 75% en el que viene), que en su mayoría tienen Isapre, se atienden en clínicas privadas, ahorran mediante apv, tienen a sus hijos en colegios particulares pagados (7% del total de la matrícula) y vacacionan en los mismos lugares, no es precisamente representativo de la diversidad de la sociedad chilena.

Mi punto es que para dar un debate profundo no podemos ni caer el movimientismo atribuyéndole a los movimientos sociales una suerte de aura inmaculada que no se puede cuestionar, ni tampoco marearnos con instituciones como el Parlamento, reduciendo la política a su expresión institucional (la triste polémica por la presidencia de la Cámara es una buena advertencia de esto).

Dicho lo anterior paso a explicar mi referencia al proceso de renovación socialista.

En mi opinión desde el Frente Amplio, en particular quienes nos entendemos parte de la ancha tradición de la izquierda chilena, necesitamos un proceso de debate profundo (que puede durar incluso años), que permita darnos un marco ideológico común que dé coherencia a nuestro actuar y que sea acorde a los tiempos que nos toca vivir. Actualmente en el FA conviven distintas organizaciones, muchas de las cuales comparten lineamientos políticos pero que se encuentran dispersas producto de diferentes circunstancias, ya sea de identidad o lugar y momento de origen. Sin embargo en Chile no cabe tanta sigla para decir prácticamente lo mismo (¿alguien fuera del Frente Amplio podría señalar las diferencias por ejemplo entre el Movimiento Autonomista, Nueva Democracia, Izquierda Libertaria y Socialismo y Libertad?). 

La conformación del Frente Amplio fue un primer paso para contribuir a la representación política del malestar que se había estado incubando en el modelo de desarrollo chileno con todas sus contradicciones. Durante la campaña presidencial Beatriz Sánchez encabezó la gran tarea de convertir ese malestar en esperanza, y fueron cientos los frenteamplistas que se volcaron a construir un programa político que diera sustento a esta candidatura, recogiendo en muchas áreas demandas elaboradas desde los movimientos sociales producto de años de trabajo, luchas y debates. Pero el Frente Amplio aun no termina de cuajar. 

La preocupación que quiero plantear es que si no tenemos un debate de carácter ideológico profundo que nos dote de una lectura y marco común de acción, corremos el riesgo por un lado de ser un ente meramente reactivo, que se oponga a las iniciativas de otros pero sin capacidad de proponer nada en positivo más allá de generalidades, y por otro en convertirnos en unos bien-intencionados elaboradores de políticas públicas sectoriales sin coherencia entre ellas que dependan mucho de los técnicos y liderazgos de turno. 

Para poder hacer esto necesitamos hacernos muchas preguntas, cuyas respuestas van a requerir por cierto estudio y formación, pero también imaginación y audacia. 

¿Qué significa ser de izquierda en Chile hoy? ¿Cuáles son nuestros principios compartidos? ¿Cuál es el valor que otorgamos a la democracia? ¿Y a los derechos humanos? ¿Que evaluación tenemos de los gobiernos de la Concertación (incluido el primero de Piñera) y el de la Nueva Mayoría? ¿Cómo enfrentaremos la inevitable y permanente revolución tecnológica? ¿Cómo entendemos la integración regional y mundial? ¿Cuánta soberanía tienen hoy realmente los Estados-nación? ¿Cómo enfrentamos positivamente los procesos migratorios? ¿Cuál es el valor del trabajo y cómo redistribuimos la riqueza que entre todos generamos? ¿Podemos subordinar al gran capital? ¿En qué consiste un gobierno feminista? ¿Qué actitud y rol le cabe a los hombres en éste? ¿Cuál es el papel de la cultura en la sociedad y dónde se crea? ¿Cómo equilibramos desarrollo, igualdad y sustentabilidad del medio ambiente? ¿Cómo se descentraliza el poder? ¿Cómo se relaciona lo público con lo privado y cuál es el rol del Estado en la economía? ¿Qué es modernizar el Estado en serio? ¿Cómo fomentamos la innovación tecnológica? ¿Están nuestros liceos y universidades educando para el siglo XXI? ¿Qué tipo de organización necesitamos para los tiempos actuales? ¿Cómo se fomenta la participación en los debates públicos? ¿Cómo abordamos el envejecimiento de la población? ¿Se puede manipular genéticamente la vida? ¿Y postergar eternamente la muerte? ¿Qué posición tenemos ante el desarrollo de la inteligencia artificial?

Y así tantas preguntas que no tienen respuestas obvias ni fáciles, para las que no basta repetir lo que diga el último autor de moda o algún clásico.

En la izquierda existe una tendencia a sacralizar las posiciones, volviéndolas incuestionables y calificando de traidor a todo quien se salga del axioma. Yo quiero reivindicar el valor de la duda. De dudar de uno mismo y las convicciones propias, sin por ello dejar de defender con pasión las ideas que consideramos correctas. Dudar no es renunciar, sino más bien el ejercicio básico de todos quienes creemos que parte de la esencia de ser de izquierda es la rebeldía. Sin dudas no hay rebeldía, solo dogmas y sacerdotes.

Creo que el proceso de renovación socialista de los ’80 tuvo mucho de esto (y por eso la referencia en la mentada entrevista). No me siento identificado con sus conclusiones (más bien con sus consecuencias) porque en mi opinión terminó concediendo que no existía otro Chile posible que el que legaba la dictadura, resignándose a administrarlo y corregir sus excesos sin cuestionar su esencia de injusticia y desigualdad. No me siento interpretado por la tercera vía porque hizo de esferas que debieran ser públicas objeto de negocios, y contribuyó a la concentración de la riqueza y el poder en unos pocos. Pero pese a no compartir sus consecuencias si valoro el haber tenido la valentía de cuando las viejas verdades se derrumbaban, asumir la desnudez y sentarse a pensar de nuevo. Sospecho que la mayoría de quienes participaron de esos debates en los ’80 reivindican su necesidad pero son críticos de sus consecuencias, pero eso ya es otra historia (Moulian es de los primeros en advertirlo el '97 en su ya clásico "Chile actual: anatomía de un mito", e incluso antes Nelson Gutierrez ya denunciaba el carácter elitario y excluyente de la transición chilena en sus "Cuadernos de coyuntura"). 

Nuestro proceso no puede ser solo pensar, sino también actuar. Es en la acción donde mejor nos formamos políticamente y es al calor de la lucha donde la imaginación florece. Pero pensar y actuar deben ser complementarios. 

Siempre es más cómodo quedarse con las verdades conocidas y no cuestionarlas. Siempre resulta más fácil refugiarse en las consignas que ya gritamos antes que cuestionarlas. Pero esa comodidad es presagio de la derrota o peor aún de domesticación. Y no queremos un Frente Amplio domesticado, lo queremos rebelde y que nunca deje de dudar.

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Posición segunda vuelta

Siempre he creído que quienes tenemos un liderazgo político tenemos el deber de dar cuenta de nuestras opciones y acompañarlas con argumentos que puedan ser debatidos en el espacio público. En el caso del voto en una elección presidencial con mayor razón, y considero un error escudarse en el secreto del mismo para evadir hacerse cargo de su justificación.

Como Frente Amplio impulsamos un proyecto país encarnado en Beatriz Sánchez, que por el contenido de nuestras propuestas y el tremendo liderazgo de nuestra candidata nos hizo merecedores de la confianza de miles de chilenos y chilenas, que se tradujo en más de un 20% de votación en la presidencial y una sólida bancada de 20 diputados y un senador. Pero no fuimos nosotros quienes pasamos a segunda vuelta y por lo tanto correspondía que tomáramos una posición ante el nuevo escenario. 

El debate al interior del Frente Amplio fue rico en participación, diversidad y fraternidad, siempre con la vista puesta en el proyecto común que tenemos el deber de consolidar y empujar de aquí en adelante, y que cuajó en una declaración que expresa de manera fiel lo deliberado por nuestros militantes y muchos independientes en los territorios, por fuera de los límites del binominalismo estrecho que imperó durante las últimas décadas en nuestro país.

Durante las semanas siguientes, y en virtud de lo acordado tanto por el Frente Amplio como por el Movimiento Autonomista (organización de la que soy militante), interpelamos al candidato Guillier a tomar definiciones claras sobre los temas que convocaron a más de 1.300.000 personas a confiar en nuestro proyecto. Desgraciadamente Guillier decidió, en vez de escuchar a la mayoría social que puja por cambios estructurales, sostener una visión conservadora, en ocasiones ambigua, otorgando más relevancia a un equipo económico que parecía más preocupado de tranquilizar al gran empresariado que de conectar con los anhelos y esperanzas del pueblo de Chile. Pareciera ser que en él y su comando se asentó la idea que el anti-piñerismo basta para ganar una elección. Creo sinceramente que esto ha sido un profundo error.

En esta campaña de segunda vuelta ha quedado demostrado que no podemos esperar nada de las cúpulas de la Nueva Mayoría. Nuestro desafío entonces es trabajar intensamente a lo largo de todo Chile para consolidar al Frente Amplio como la fuerza capaz de empujar las transformaciones que nos permitan superar el neoliberalismo, lo que solo lograremos codo a codo con los movimientos sociales, sin marearnos con las instituciones y poniendo siempre por delante el proyecto colectivo a los protagonismos individuales.

Ya ad-portas de la elección, el tiempo de la interpelación terminó. En la disyuntiva final de qué hacer, confieso que durante los últimos días consideré seriamente la opción de anular. Y es que me resulta violento tener que optar entre dos candidatos que no me representan en lo absoluto, y por sobre todo creo no representan la vocación transformadora y anhelante de justicia e igualdad que comparten quienes han apoyado al Frente Amplio, ni tampoco a buena parte de las bases de los partidos que sustentan la candidatura de Guillier.

Reconozco que dentro del Frente Amplio hoy conviven diferentes posturas legítimas dentro del marco de acuerdo que nos hemos dado. Pero en mi opinión (y atendiendo al voto en conciencia que ha mandatado mi organización), creo es nuestro deber situarnos en la inevitable disyuntiva del voto del próximo domingo. Hay quienes sostienen que un triunfo de la derecha no sería grave porque esto facilitaría la consolidación del Frente Amplio como mejor alternativa política. Creo que este análisis incurre en un profundo error, pues no considera las condiciones materiales de vida de miles de chilenos que se verían seriamente afectadas en su dignidad como personas. 

Soy hombre, heterosexual, blanco, chileno y diputado. No soy yo quien sufriría las consecuencias de una derecha profundamente retardataria. Los mismos que se opusieron al divorcio, a la igualdad de los hijos nacidos fuera del matrimonio, que defendieron la dictadura y que hoy se oponen al aborto, al matrimonio igualitario, ven la inmigración como amenaza y quieren militarizar la Araucanía (como ha dicho explícitamente J.A. Kast) hoy tienen la posibilidad de volver a gobernar. Responsablemente, no puedo contribuir a ello.

Por todo lo anterior, y con la profunda convicción de que el Frente Amplio es la mejor alternativa para cambiar Chile, este domingo votaré contra Piñera, marcando mi voto por Guillier.


Gabriel Boric Font

martes, 5 de diciembre de 2017

El Frente Amplio y la 2da vuelta

La declaración del Frente Amplio sobre la segunda vuelta presidencial ha causado polémica. Por un lado se acusa de ambigüedad, y por otro se nos sindica como los eventuales responsables de una derrota de Alejandro Guillier. En mi opinión, la declaración refleja de buena manera lo que fue el debate al interior del Frente Amplio después de la primera vuelta:

1-. No formaremos parte de un futuro gobierno ya que nuestro proyecto es diferente por cierto al de la derecha, pero también al de la Nueva Mayoría. Lo anterior sin perjuicio de poder llegar a acuerdos en temas determinados.

2-. Dado lo anterior no entraremos en una negociación privada ni por cargos ni por medidas. Plantearemos debate público respecto de los puntos eje de nuestro programa.

3-. Si bien ninguno de los candidatos y proyectos que se enfrentan en la segunda vuelta nos representa, reconocemos que no son lo mismo. En ese sentido coincidimos en que la derecha significa un retroceso para el país.

¿Por qué entonces no llamamos derechamente a votar por Guillier?

Porque Guillier no es solo Guillier sino también la coalición que lo respalda. Porque no podemos olvidar la aplicación de la ley anti-terrorista en la Araucanía, los ex-ministros de la Concertación de directores en las AFP's, los casos transversales de corrupción, la ley de pesca y SQM, los servicios mínimos en caso de huelga y la negativa permanente a avanzar hacia la negociación ramal, la mantención del sistema de financiamiento vía voucher en la educación pública y el incumplimiento del compromiso con las regiones para elegir a sus propias autoridades, entre muchas otras cosas.

Y es que nuestro proyecto y horizonte son diferentes, y es totalmente legítimo que así sea. Pero por lo mismo, no pueden pretender que de un día para otro tengamos el entusiasmo que a sus mismos adherentes les falta.

En los últimos días, varios integrantes del Frente Amplio, tanto dirigentes como compañeros de base, han expresado su apoyo a Alejandro Guillier en la segunda vuelta. Se han esgrimido diferentes motivos, pero el principal es evitar que la derecha llegue al poder. Está bien que cada uno exprese sus opiniones y sin duda esto está dentro de los márgenes del acuerdo colectivo al que llegamos como FA. Sin embargo yo al menos difiero de la estrategia de ir entregando apoyos individuales como cuentagotas. Creo que nuestro rol como frenteamplistas es por un lado enfrentar a la derecha y señalar, tal como expresa la declaración del FA, que esta implicaría un retroceso para el país. Pero al mismo tiempo debemos estar permanente interpelando a la Nueva Mayoría (o lo que queda de ella), corriendo sus cercos, debatiendo públicamente con nuestras ideas y programa en un ánimo constructivo pero que de cuenta también que somos proyectos distintos, que eventualmente podremos llegar a acuerdos en algunos temas sin que ello implica ni mimetizarse ni subordinación. Sumar y no ser sumados como aprendimos desde chiquititos.

En lo personal, la verdad es que yo aún no he decidido mi voto. Tengo claro que iré el 17 a votar y que no lo haré por Piñera. Pero sobre si votar por Guillier o no, lo decidiré en la recta final de la campaña en virtud de si ha recogido o no parte del espíritu de lo que planteamos al país como Frente Amplio. Como expresé en una entrevista al Desconcierto, la decisión no puede ser al calor de una suerte de subasta programática, sino más bien producto de si logramos identificar espacios de convergencia en principios compartidos. En ese sentido, yo no pretendo que Guillier sea un espejo del Frente Amplio, y sería absurdo esperar que tomara el 100% de nuestro programa, pero quiero saber con más certeza si es que él y su coalición están por terminar con el negocio de la salud o no. Si es que creen que debemos avanzar hacia un sistema público y solidario en materia de pensiones o no. Si es que descentralizar el poder en Chile es una convicción compartida en serio o no. Si es que terminar con la pitutocracia del SENAME y hacerse cargo de su crisis lo tomarán en serio o no. Si es que creen que la educación pública debe ser el eje del sistema o no. Podemos discutir gradualidades y las formas de avanzar hacia allá, pero lo importante es saber la dirección hacia donde se avanza. Y eso hasta el día de hoy, en mi opinión, esto no está claro.


En cualquier caso, nuestros desafíos, tanto como Movimiento Autonomista y como Frente Amplio son muchos. Tratarán de domesticarnos y la burocracia y el cretinismo parlamentario serán también una amenaza si es que perdemos el norte de por qué llegamos ahí. No podemos olvidar que el sentido de nuestra apuesta electoral es abrir un espacio que estaba cerrado para voces que no habían sido escuchadas, sin pretender suplantarlas. Eso implica un vínculo permanente con los movimientos sociales, un intenso trabajo territorial de nuestras organizaciones que se funda con la realidad de nuestro pueblo, una conciencia histórica que entienda que ni el mundo ni la izquierda parta con nosotros. 

La pega es mucha y estoy optimista. Pero no podemos marearnos. No va a ser fácil.

Un abrazo!










domingo, 26 de noviembre de 2017

Agradecimiento

Hola a tod@s! Les comparto una carta que mandé a La Prensa Austral, de agradecimiento a los trabajadores del Hospital de Punta Arenas :)
Un abrazo!
Sr Director:
Quiero mediante la presente carta agradecer profundamente a todo el personal del Hospital Clínico de Magallanes con quienes me relacioné durante los 6 días que estuve internado en el establecimiento producto de una fractura de clavícula que fue necesario operar. La calidez, buen trato a toda hora, contención y profesionalismo fueron un bálsamo para el dolor y las molestias propias del contexto, y pude ver cómo estas características eran la regla para con todos los demás pacientes que estaban en una situación similar. Muchas veces se critica a los trabajadores de la salud pública por diferentes motivos, en algunos casos con razón pero muchas veces con injusticia y desconocimiento de su labor, por lo mismo bien vale destacar los aspectos positivos de nuestra salud pública cuando corresponde. Vaya mi eterno agradecimiento a auxiliares, técnicas/os en enfermería, enfermeras/os, terapeuta ocupacional y doctores/as de quienes aprendí mucho esta semana.
Aprovecho de decir que tengo la convicción que muchos de los problemas que enfrenta nuestro sistema de salud encontrarían cauces más veloces de solución si quienes somos representantes electos fuéramos siempre usuarios del sistema, en vez de recurrir al sector privado producto de la situación de privilegio económico en que por nuestro mismo cargo nos encontramos. El nivel de desconexión de la mayoría de nuestros representantes con la realidad cotidiana que vive la mayoría de los chilenos es también causa del desprestigio de nuestra política. No podemos seguir cerrando los ojos ante est realidad.
Por último le envío a don José y a Simón, mis compañeros de pieza en el piso de traumatología por varios días, un abrazo grande y sinceros deseos de éxito en su recuperación.
Gabriel Boric Font
Diputado por Magallanes

sábado, 23 de septiembre de 2017

Economía y poesía

Hace unas semanas Ricardo Lagos dijo que "la tarea número uno de Chile es crecer, todo lo demás es música".
Siempre me ha impresionado cómo en política, donde los economistas parecieran ser los nuevos sacerdotes, la literatura, la música, y las artes en general son profundamente miradas en menos.
Creo que sería interesante que a quienes postulamos a cargos de representación los periodistas además de preguntarnos de economía (que sin duda es importante), nos preguntaran de poesía.
Onda "en nuestro gobierno creceremos al 7%, bajaremos el IVA por ser profundamente regresivo, crearemos un impuesto a los súper ricos, diversificaremos nuestra matriz energética, apostaremos por una descentralización que implique autonomía para las regiones, crearemos más becas para escritores, músicos y pintores jóvenes, construiremos espacios libres para autogestión artística en regiones, mi poema favorito es "después de todo" de Teillier, mi disco de cabecera el "Ænema" de Tool aunque últimamente estoy escuchando mucho el "The world won't listen" de los Smiths y no puedo dejar de cantar "Esas mañanas" de Jorge González".


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Después de todo
nos volveremos a encontrar.
El verano tenderá sus manteles en el suelo
para que dispongamos nuestras provisiones
y tú seguirás bella
como la canción El Vino de Mediodía
que el loco tocaba en la leñera.
Después de todo
hay tantas y tantas tierras.
Yo no me impaciento.
tenemos todos los años del mundo para recorrerlas
hasta que de nuevo estemos juntos
y tú me contarás
que una vez me conociste
en un pequeño planeta que yo no recuerdo
un planeta llamado Tierra
y vas a hablarme
de casas visitadas por la luna;
billetes de apuesta a los hipódromos,
nuestras iniciales dibujadas con tiza blanca
en un muro en demolición.
Equivoquémonos todo lo que queramos.
La tierra del desamor no existe
ante el gesto tuyo de mostrar las magnolias
de una plaza de barrio,
tu cabeza en mi hombro,
la clara música nocturna de tu cuerpo.
Un gesto rehace todo:
cuando la casa se incendia
su vida sigue entera
en la hoja chamuscada de un cuaderno,
el alfil sobreviviente del ajedrez.
En otro lugar, lejos de esta tierra y de su tiempo
espero tu rostro
donde se reúnen todos los rostros que he amado,
y comenzaremos a ser otra vez los desconocidos
que hace años se miraban y miraban
sin atreverse a decir que iban a amarse.

viernes, 22 de septiembre de 2017

Llamarse Morales, llamarse Merkel.

Evo Morales lleva 11 de años de presidente y no tiene reelección (perdió un plebiscito para modificar este aspecto de la Constitución de manera democrática). Angela Merkel lleva 12 y va por 4 más. Son sistemas distintos, lo sabemos. Pero si Merkel se llamara Morales y fuera boliviana, de seguro La Tercera en vez de alabarla la tildaría de dictadora con ánimos de perpetuarse en el poder. Pero no, es alemana y no representa una amenaza al consenso económico capitalista del que medios como La Tercera gustan de aplaudir.
Los medios de comunicación no son neutrales (enbuenahora!), pero que no nos vendan pomadas de falsa objetividad.